martes, 24 de septiembre de 2013

Dos Flautitas, por favor

Dos Flautitas, por favor
El panadero Díaz le decían. Decían los que no lo conocían, que era parecido al ex jugador y actual ayudante de campo del gran Alfio Basile, el Coco para todo el ambiente futbolístico. Pero eh aquí el error: el panadero Díaz, de la calle Empídio González al 300, en el barrio de Floresta, no se parecía ni en las cejas arrugadas que lo hacían verse enojado frente a los pedidos de la clientela. Gordo, morocho, robusto, peludo desde la punta del pie gordo hasta las orejas, de espalda ancha, con una brillante pelada como una bola de bowling y brazos que remarcaban lo que los panchos y los choris hicieron en su organismo.
            Así, cada mañana levantaba la persiana en su pequeño local a unas 2 cuadras de la cancha de All Boys. La artrosis en su rodilla izquierda arremetía a cualquier indicio de sentarse a leer el diario. Ligamentos rotos de una y otra pierna y ¡sin hacer nada! Digamos que había más barro que cancha, donde ya no se podía distinguir el número de la camiseta por toda la suciedad que brotaba de ella. Digamos, que una lluvia torrencial limpiaba las ideas de un buen y lírico fútbol bajo las plateas del Malvinas Argentinas. Digamos que era la situación ideal para romperse los ligamentos de las piernas.

            Sofocado por el calor de un enero de pretemporada, va en busca de auxilio y de una botellita de agua en la parte de atrás del negocio. Ya le comentaron que tiene que dejar las historias de fútbol y que pueden atentar contra su salud y corazón. Si, ese corazón que busca escapes donde la garra, la pasión y el fútbol, lo son todo. Busca encontrar esas historias, y olvidar como lo transformó en un jorobado en potencia cargar cajas sobre la espalda. Olvidar como las bolsas del puerto le destruyeron las dos piernas.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Es hora de levantarte querido (¿dormiste bien?)!

Mensajes en una servilleta

Los hijos de la memoria


No quiero salir mamá ni quiero volver a bajar. Espero verlos. Espero que lleguen. Desde el jardín me dieron a entender que no servía. Que, haga lo que haga, no iba a llegar a ser nada. Así me golpearon la cabeza y me dijeron que viera desde abajo sin chistar. Que aceptara lo que me tocaba y no lo que me correspondía. No estoy solo mamá, somos muchos los que no coincidimos con el consciente colectivo. Los esperamos aquí, mamá, en la casa del árbol. La que está sostenida por los sueños de millones de niños sin techo, sin zapatos, sin una herencia política más que la propia. Mamá, Rodolfo, Salvador y Ernesto están conmigo. Me cuidan las espaldas y el corazón. Sí, están medios locos y sueñan despiertos mamá. Se lo que le pasó a papá y que tienes miedo. Su fracaso fue el alimento de la Latinoamérica sudaca, pero el motor para enderezar mis pasos. No quiero vivir con miedo el resto de mis días. El mundo recordará nuestros nombres como los hijos de la memoria. Estaremos de pie, mamá, estaremos de pie.

Yaque venezolano
ulian sabía que cargaba con el peso de unos 25 años entre sus hombros. Emprendía viajes de los cuales nutría su existencia a base de vivencias un poco tardías y amores fugaces. Lo que no entendía era porque siempre el ambiente desprendía aromas no tan agradables. El miedo, la insatisfacción, la incertidumbre y la agonía por la presión popular lo obligaban a caerse. A arrodillarse. A contemplar también el entorno que lo agota y lo margina. No quiere pasar una puerta a la que no puede volver.
“¿Estás segura, no? Mira que la verdad puede doler”.
Ella respondió que sí.
Él aceptó con la cabeza. Su ira comenzó. Se le erizó la piel. La lluvia golpea su rostro y su espalda y lo hace pensar.¿Es una enfermedad?¿Una maldición? Sus pupilas se dilatan al compás de la desaparición de sus huellas en la arena. Es un hombre nuevo. Se recuerda en el reflejo de un espejo de agua de lo que una vez fue. Las gotas no dejan que vea el panorama, por suerte, tiene los de ellas para orientarlo.


Los bigotes de la seducción

Si sabía de él de amores no correspondidos y noches de lujuria y sacrilegios. Por las mañanas descansaba a la luz del sol y se sentada en las cimas más altas. Por ratos, escalaba toallas calientes y comía lo que encontraba. Se perdía, navegaba por las calles que le daban mucho miedo pero sin perder la cordura. La veía, la seducía con colores elegantes y después del amanecer, emprendía la huida como un amante de los de antes. De vez en cuando se conectaban los caminos de Willy y él, que cuidaba la barrera de lo prohibido y lo legal. Sexys, sus ojos color negro resplandecían en la oscura a la espera de la próxima victima. Odia y detesta cualquier tipo de médico que pueda existir, ya que entiende que le quieren sacar su vida. Separar de eso que lo hace tan feliz y lo hace sentir vivo.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La violencia de la irresponsabilidad periodística

La violencia de la irresponsabilidad periodística




¿Qué lugar ocupa el periodismo entre los personajes de reconocimiento público y las personas? Desde allí empieza el error más frecuente y recurrente que trasluce en la sociedad como también en el seno del periodismo: los deportistas son también personas normales y corrientes, con problemas tan iguales y diferentes a los propios. ¿Cuantas veces una opinión crítica en base al trabajo sobrepasa los límites estipulados y se señala con el dedo a esa persona? Ahora, ¿En qué lugar se sitúa el periodista para reclamar despiadadamente y entrometerse en la vida privada de otro  ser humano, cuando lo que se le exige es que sea consecuente con sus actividades dentro de la línea de cal? 

Por un lado, la morbosidad que brote desde la sociedad como también la imperiosa inestabilidad económica lleva a productores, editores, a vivir el día a día como si no hubiera un mañana. Una inestabilidad que lleva a que el fin justifica a los medios. Una locura desenfrenada en que todo es un hecho traumático e imposible de superar, como fue el caso de un descenso de un club de fútbol, Rosario Central, y el suicidio de un hincha por no soportarlo. Los medios alcanzaron un poder demasiado importante centrado en periodistas como formadores de opinión. Un poder tan grande que conlleva una responsabilidad en cuanto a lo que se dice y como se dice. Un poder tan grande que pone en el lugar de negociador en un secuestro de rehenes a un conductor de la televisión, Alejandro Andino, para ser el enlace que resuelva las peticiones entre delincuentes y las autoridades policiales.

 ¿Cuál es el límite moral y ético que impone el periodismo al ser cómplice de críticas desmesuradas que ya superan el ámbito que los compete? El caso de Rogerio Funes Mori es el claro atenuante a una falta de ética periodista y humana.  Más allá de las discusiones sobre las cualidades o carencias deportivas del jugador, desde donde la sociedad se sitúa, aprueba y se mofa de aquel jugador que es persona, de la mano de un periodismo que más que reprimirlo, lo alaba sin ningún reparo y no hace un mea culpa en sus contradicciones. Críticas que traspasan el ambiente deportivo-consciente hasta llegar a lo personal e inconsciente.  

A sí mismo, el ente social ni los considera trabajadores. En este hecho queda en evidencia  la falta de apoyo psicológico en el momento de retirarse de la profesión de la que vivieron toda su vida, indefensos al suceso traumático y carente de armas para lidiar con la situación.

jueves, 29 de agosto de 2013

El Bordo - Llueve en Buenos Aires

Arriba todos vuelan y te veo tan veloz 

miércoles, 28 de agosto de 2013

Colectivo Loreans

A veces se siente como que ninguna colcha pueda abrigar el frío que sufre el ser humano al sentirse abandonado. No existe mensaje, llamado ni almohada que pueda ayudar para amortiguar este dolor. Para encontrar alguna respuesta al ¿Qué fue de tu vida?¿Qué ha sido de la mía?. Ya no te veo en los desayunos con tu corte más salvaje ni contenedor, y tampoco recuerdo lo que es odiar las despedidas al separarnos por el trabajo. El colectivo es el Loreans en el que me embarco habitualmente. Viajo al pasado para entender que fue lo que salió mal, y al futuro sobre como podía haber sido. 
      Hora tras hora, la rutina me encañona con plomo las costillas y me envenena la cabeza como los programas amarillos de la tarde. Busco por esas cosas de la vida, del destino y hasta de mis recuerdos, encontrarte en algún bar o parada de colectivo, para preguntarte como te ha ido, si has tenido chicos o si la vida te trató tan para la mierda como a mí. Huí, huyo a lugares a donde ni yo mismo pudiera encontrarme. Pierdo el tiempo entre recados de momento y sin proyección, y programas que cultivan las sensaciones exteriores que rápidamente desaparecen. Vacio, recorto mi tiempo en la cafetería de la facultad para desembolsar mi vianda de comida vieja y fría con los libros como mi única compañía. Tarde o temprano, los dos ya nos dimos cuenta que nos odiamos mutuamente.
       Los días y las películas ya no saben igual. Puedo perecer en la discusión de que él es o no un estúpido, o ella demasiado rápida. Podía. Ahora hasta me gustaría perder.¿Quién no pudiera amar las discusiones de la valoración de la película en el viaje de vuelta?o tal vez manejar lo más despacio posible para hacer que la inevitable despedida se retrase un poco más. Así, día tras día, noche tras noche, veo como pasa de largo la vida y usted. En el reflejo del vidrio de la barra, nos veo allí riendo como la primera vez, soñando mundos mejores, escribiendo en servilletas de papel un deseo para construir un castillo de pasiones. Ya me vestí de héroe y te rescate de inutilidad y corrupción del gobierno amarillo en una Juan B Justo bajo el agua.

Volveré temprano

Un hombre espera en desierto, mientras que el invierno se escapa por nuestras ventanas y el gas se pierde por las perillas del piloto de la estufa. Un hombre espera, temeroso, impaciente, mientras que los gritos de una madre lo sumergen entre las fábulas de la luz negra y los abrazos culpables del matrimonio infeliz. Siente el peso de los varios acolchados sobre sus rodillas, las pequeñas luciérnagas de luz que se desplayan entre  la persiana que nunca le dejará sentir el reflejo del sol, aunque sí una breve sensación de como sería.

      A medida que abre los ojos, sombras sobrevuelan por encima de la cocina y el comedor, riendo por lo bajo de sus sueños, de sus esperanzas. Dice que conoció la furia de la enfermedad, del desencanto, del desamor.Que cogió en los infiernos sin siquiera preocuparse por verse reflejado en un espejo. Que se acostumbró a la sangre entre los muebles, y policía en el líving. No creía que pretendía volver a aquel lugar. Recorrer las calles, una igual a la otra, aguardando que sea una la que le diga que todo terminó.

      Así se perdió, huyó con varias flechas en la espalda y cortes en el pecho. Hoy será otro hombre, con más alcohol que sueños, pero con cicatrices que llevará a cuestas, eternamente, en el alma. También me dijo que allí conoció el amor. Que amó a alguien. Que dio sus primeros besos y caricias. En esas calles intercedió en la vida de alguien más para que sea un poco más llevadera. No sé si creerle. Me comentó que en una noche de invierno, con el cielo y las estrellas como sábanas, con unas cuantas cervezas, tocó en la guitarra varios rocanroles rebeldes y juveniles. Bailó y planeó una vida de sueños, bajó sus ojos color negro.

      Hoy en día a veces lo veo, esperando la felicidad en el ocaso de un valle, bajo simulaciones de amores fugaces o espejismos.